FRENTE FRÍO | 2026 comenzó con un golpe climático al planeta

15 febrero 2026

Para parte de los habitantes de nuestro planeta, el año 2026 no comenzó con celebraciones festivas, sino con una cadena de catástrofes climáticas que en solo tres semanas afectaron a todos los continentes. La borrasca Goretti, con rachas de viento de hasta 213 km/h, paralizó Europa; una ola de 16 metros en el estrecho de Sicilia batió el récord histórico del mar Mediterráneo; y en Kamchatka, un bloqueo de nieve con acumulaciones de nieve de más de 2,5 m se convirtió en el más grande de los últimos 50 años. En pleno verano sudamericano, Brasil se congeló hasta +1,5 °C, mientras que en Chile un calor de 42 grados provocó incendios forestales que se cobraron 20 vidas.

Ya no se trata de anomalías, sino de una nueva realidad, en la que la transición de un «clima normal» a una situación de emergencia se reduce a horas o incluso minutos. En Australia, los servicios de rescate se preparaban para incendios, pero fueron sorprendidos por inundaciones con 175 mm de precipitaciones en seis horas. En Argentina, la gente tomaba el sol en la playa cuando un tsunami meteorológico de unos 5 m arrastró a decenas de bañistas. En Kamchatka, los residentes esperaban una tormenta habitual y acabaron bloqueados en sus casas durante casi cinco días por montones de nieve de 2,5 m de altura. Dos hombres mayores murieron debido al desprendimiento de nieve de los tejados: a uno lo desenterraron con vida, pero la ambulancia no pudo llegar por las calles sin limpiar.

En Europa, la borrasca Goretti azotó Francia con rachas récord de 213 km/h en Barfleur. 380 mil viviendas quedaron sin electricidad y las ciudades costeras se inundaron. En los Países Bajos, la aerolínea KLM canceló más de mil vuelos por falta de anticongelante. En Alemania, las ventiscas paralizaron el transporte ferroviario y en Baviera hubo tres fallecidos en carreteras heladas. Y el 20 de enero, la tormenta Harry golpeó el sur de Italia: olas de hasta 10 m destruyeron los paseos marítimos y, en el estrecho de Sicilia, una boya oceanográfica registró una ola de 16 metros, la más alta jamás observada en el Mediterráneo.

Todo esto ocurre en un contexto de un hecho alarmante: el micro y nanoplástico, al acumular carga electrostática, se ha convertido en un participante activo de los procesos climáticos. Altera el intercambio de calor entre el océano y la atmósfera, convirtiendo el planeta en una gigantesca batería de energía. Esta energía se transforma en la fuerza destructiva de tormentas, tornados y precipitaciones anómalas. Pero lo más peligroso es que las partículas de plástico atraviesan la barrera hematoencefálica y destruyen zonas del cerebro responsables del pensamiento crítico. Las personas pierden la capacidad de evaluar adecuadamente las amenazas y tomar decisiones equilibradas precisamente ahora, cuando es vital hacerlo.

Hemos perdido el tiempo para una desgasificación controlada de la pluma Siberiana. Hemos perdido la oportunidad de una implementación global de tecnologías de purificación, como los generadores atmosféricos de agua (GAA). Pero a la humanidad aún le queda una última posibilidad: encontrar la manera de privar al nanoplástico de su carga electrostática. Este es el único camino para frenar el aumento de las catástrofes. Cada día de inacción supone nuevas víctimas. Cada hora de retraso, nuevas vidas destruidas.
Dejar un comentario
SOCIEDAD CREATIVA
Contactar con nosotros
[email protected]
¡Ahora mismo cada uno realmente puede hacer mucho!
¡El futuro depende de la elección personal de cada persona!