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Prof. Robert Kennedy

Doctor en Ciencias Políticas, Presidente del Consejo de Relaciones Internacionales de Atlanta, Profesor Emérito de Asuntos Internacionales, Escuela Sam Nunn del Instituto de Tecnología de Georgia (EE.UU)

Prof. Robert Kennedy

Biografía del orador

El profesor Kennedy ha recibido el premio Joint Distinguished Civilian Service Award del Presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, un Doctorado Honoris Causa del Colegio de Defensa Nacional de Bulgaria y el premio Albert Nelson Marquis Lifetime Achievement Award.

El profesor Kennedy ha formado parte del Comité Ejecutivo del Jefe del Estado Mayor Conjunto para la acreditación de la educación militar conjunta, como Asociado Académico del Consejo Atlántico de EE.UU. y como Editor General de The Atlanta Papers. Ha dado conferencias y publicado ampliamente y ha sido consultor en los campos de la seguridad internacional y los asuntos de defensa.

Discurso

Me gustaría dar las gracias a los organizadores por invitarme a hablar.

Es un honor y un privilegio unirse a un grupo tan distinguido de personas y abordar un tema tan importante.

Señoras y señores, hoy en día vivimos tiempos de trauma. Nos enfrentamos a retos que, de un modo u otro, nos afectan y seguirán afectando a cada uno de nosotros, a nuestras familias, a nuestros amigos y a las generaciones venideras, de forma significativa, perturbadora y a menudo peligrosa. Por desgracia, hasta la fecha, nuestras respuestas se han caracterizado por la negación, la confusión, el disenso y el retraso, a menudo impulsadas por la ignorancia o la codicia o por agendas nacionales en desacuerdo con las necesidades más amplias de sus propios ciudadanos y de la comunidad internacional en general. 

En primer lugar, hablemos del cambio climático. Todo el mundo, por supuesto, ya ve y entiende lo que está ocurriendo con el clima.

Sí, el cambio climático es real. Las muestras de núcleos de hielo y las mediciones directas más recientes constatan que, en ocasiones, el clima de la Tierra ha sido más cálido, así como más frío que el actual.

Sin embargo, los científicos están ahora seriamente preocupados por el hecho de que la actividad humana esté teniendo un impacto dramático y peligroso en el clima de la Tierra. Todos han oído hablar de las causas: la quema de combustibles fósiles, la creciente liberación de gases de metano, la tala de bosques, etc.

Desgraciadamente, el problema no es sólo medioambiental, sino también económico y social.

El aumento de las temperaturas y los patrones climáticos más frecuentes y devastadores: más tornados, huracanes, tifones, la subida del nivel del mar y la desecación de los lagos, afectarán a miles de millones de personas.

Las emisiones peligrosas afectan a la salud de las personas, la subida de los mares provocará migraciones masivas, el aumento de las temperaturas afectará a los cultivos que se pueden cultivar en cada lugar, lo que provocará hambrunas y/o migraciones masivas.

El cambio climático es un problema político, porque para resolver la crisis, las naciones van a tener que tomar decisiones que a menudo serán muy controvertidas, tanto a nivel nacional como internacional. Y lo que es más importante, si no se afronta el reto del cambio climático, inevitablemente aumentarán las fricciones y los conflictos entre los pueblos y las naciones.

El segundo es la continua proliferación de armas de destrucción masiva. A pesar de los tratados internacionales que limitan este tipo de armas, se sabe que varios estados que permanecen al margen de estos tratados tienen o están desarrollando armas nucleares y otras armas de destrucción masiva, y se sabe que los grupos terroristas están buscando los materiales fisibles y otros componentes necesarios para la producción de dichas armas.

Las perspectivas de un uso deliberado de tales armas o el resultado de una escalada de tensiones y un error de cálculo son un peligro real y presente, con víctimas masivas y efectos a largo plazo en el planeta que no pueden medirse fácilmente.

El tercero es la inteligencia artificial. Los problemas asociados a la aparición de la inteligencia artificial acaban de surgir. Estoy seguro de que hoy escucharán mucho más sobre esto. Sin embargo, como muchos de ustedes saben, incluyen como mínimo:

- La pérdida de puestos de trabajo, ya que las máquinas no sólo producen lo que se necesita, sino que también deciden cómo y qué hay que producir y cuándo.

- El problema de la seguridad: el robot que se vuelve rebelde.

- El problema de la confianza: ¿puede la inteligencia artificial alcanzar niveles cognitivos iguales o mejores que los de los seres humanos y, en ese caso, se puede confiar en que hagan lo correcto?

Por último, la desigualdad de ingresos, tanto dentro de las naciones como entre ellas. Sólo 8 personas poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas o casi la mitad de todos los seres humanos. 

Dentro de los países, la disparidad de la riqueza puede ser muy marcada, ya que los ricos son cada vez más ricos, mientras que los ingresos de los demás se estancan. 

El problema es quizás más grave a nivel mundial. Por ejemplo, la renta per cápita medida en PPA (2020) por el FMI oscila entre Luxemburgo, con 118.000 dólares, a la cabeza de la lista, y Burindi, con unos 760 dólares, a la cola.

En muchos sentidos, estos retos no tienen precedentes. Sin embargo, hoy también se nos presentan oportunidades sin precedentes. Nunca antes en la historia de la humanidad hemos estado más conectados entre nosotros. El avión, Internet y el teléfono inteligente han eliminado prácticamente las barreras del tiempo y la distancia. Podemos chatear con alguien del otro lado del mundo simplemente marcando su número o conectándonos a Zoom. Podemos aprender sobre otros pueblos, otras culturas, otras religiones, simplemente escribiendo unas palabras en nuestro ordenador. Tenemos Facetime, Facebook, Twitter y otros medios de comunicación.

Sin embargo, nada de esto puede importar. Mientras nosotros, como personas y naciones, sigamos persiguiendo nuestros deseos e intereses personales sin tener en cuenta los intereses y necesidades de la comunidad en general, seremos incapaces de hacer frente a estos retos y, por tanto, sucumbiremos a sus consecuencias. Mientras las naciones se centren únicamente en su propio interés - algunos lo llaman nacionalismo - sin tener en cuenta los intereses de los demás, la humanidad no podrá afrontar con éxito los retos cada vez más peligrosos que se avecinan. Las consecuencias de tal fracaso serán terribles en términos de pérdida de vidas humanas y de tesoros nacionales, y de privaciones humanas.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿podemos superar nuestras diferencias y trabajar juntos como pueblos y naciones? El mundo no cambiará por sí solo.  Depende de nosotros actuar. Los puntos de vista divergentes seguirán siendo una característica permanente del paisaje nacional e internacional. De hecho, los puntos de vista diferentes son una característica natural de la existencia humana. Surgen de factores como la cultura, las tradiciones, las creencias, las experiencias, incluso el idioma. Sí, las diferencias pueden dividir. Pero no es necesario. Las diferencias pueden ser la fuente de un pensamiento creativo que sólo se deriva de puntos de vista diferentes. Y para hacer frente a los retos que tenemos por delante tenemos que trabajar juntos y pensar de forma creativa. 

Tenemos que ir más allá de la estrecha definición del interés individual y nacional y pensar de forma creativa en cómo resolver los problemas acuciantes que amenazan nuestro futuro y el del planeta.

¿Es esto posible? Yo creo que sí.

Sin embargo, requerirá un liderazgo, una nueva clase de líderes, hombres y mujeres de todos los credos, razas, etnias, orientaciones sexuales, etc., que estén dispuestos a escuchar antes de hablar, a dialogar, a adquirir los conocimientos necesarios, líderes que antepongan a los demás a ellos mismos, líderes que luchen por el bien común, líderes que traten de comprender y analizar de verdad antes de decidir, que tengan el valor moral de hacer lo correcto y no lo conveniente, la humildad de reconocer que no siempre tienen razón y la integridad de comprometerse servilmente a decir la verdad. No estoy hablando de alguien que no conozcamos. Hablo de ti y de mí. Tenemos que marcar el día de hoy como el día en que decidimos actuar por el bien de la humanidad y exigir que los líderes de nuestras naciones hagan lo mismo. Sólo entonces podremos afrontar los enormes desafíos que nos esperan.

De nuevo, gracias por invitarme a hablar.