Un récord nacional de velocidad del viento en Portugal.
Hay personas que mueren de frío en sus propias casas en Estados Unidos.
Un rayo cae sobre una multitud en Brasil.
Casas que se derrumban desde un acantilado en Italia.
Y estos no son los peores desastres de todo un año, sino solo los ocurridos en unos pocos días en nuestro planeta, del 24 de enero al 1 de febrero de 2026.
A finales de enero, la violenta tormenta invernal Fern azotó Estados Unidos. Según los satélites de la NOAA, Fern se formó sobre el océano Pacífico el 21 de enero y en menos de una semana, cubrió la mayor parte del país. El gigantesco sistema, con una extensión de más de 3200 km afectó a 34 estados, desde Nuevo México hasta Maine. Aproximadamente 230 millones de personas se vieron afectadas por las condiciones meteorológicas adversas.

La tormenta invernal Fern afectó a 34 estados de EE. UU., desde Nuevo México hasta Maine
Fuertes nevadas cubrieron zonas del noreste y del valle del río Ohio. En al menos 17 estados, la acumulación de nieve alcanzó los 30 cm o más. Se registraron valores récord en Nuevo México, concretamente en la zona de Lago Bonito cayeron más de 78 cm de nieve húmeda, así como en el oeste de Pensilvania, donde la capa de nieve superó los 50 cm.
También se dieron condiciones extremadamente peligrosas en los estados del sur, donde los habitantes están más acostumbrados a los huracanes que a las tormentas invernales. Estas regiones no estaban en absoluto preparadas para un fenómeno natural de tal magnitud, no hay maquinaria para quitar la nieve y la gente carece de suficiente ropa abrigadora. La nieve húmeda y la lluvia helada cubrieron las carreteras, los árboles y las líneas eléctricas con una capa de hielo de hasta 2.5 cm de grosor. Bajo su peso, las líneas eléctricas se rompieron. Las ramas y los postes eléctricos cayeron directamente sobre las carreteras.
En Misisipi, las autoridades utilizaron por primera vez una cantidad récord de productos descongelantes para combatir el hielo negro. Esta tormenta de hielo se convirtió en la más grave que ha sufrido el estado desde 1994.

Tormenta de hielo en la ciudad de Oxford, Misisipi (Estados Unidos), formación de hielo en árboles y cables eléctricos, hielo negro
En Nueva Jersey se impusieron restricciones al tráfico de vehículos comerciales. Las excepciones se aplicaban únicamente a los transportistas que transladaban alimentos, combustible y material sanitario, así como al personal de los servicios de emergencia y de infraestructuras esenciales.
La tormenta también afectó gravemente al transporte aéreo, se cancelaron más de 11 600 vuelos en todo el país y se retrasaron más de 16 000. En el Aeropuerto Internacional de Bangor, en Maine, un avión privado con ocho pasajeros a bordo se estrelló durante el despegue.
Al menos 21 estados declararon el estado de emergencia.
Las consecuencias del desastre resultaron catastróficas. En el momento álgido de la tormenta, más de un millón de personas se quedaron sin suministro eléctrico. Se registraron cortes generalizados en Tennessee, Misisipi, Luisiana, Texas, Kentucky, Georgia, Virginia Occidental y Alabama.

Se ha declarado el estado de emergencia en 21 estados de EE. UU. a raíz de la catástrofe hubieron cortes de electricidad, calefacción y agua
En algunas ciudades, la gente se quedó sin electricidad, sin agua potable y sin calefacción simultáneamente.
Al mismo tiempo, una ola de frío extremo azotó gran parte de Estados Unidos, llegando hasta Texas y el valle del bajo Misisipi. La sensación térmica bajó hasta los −34 °C y las temperaturas reales en algunas zonas fueron 22 °C por debajo de la media climática.
Los testigos presenciales recordaron aquellos días como una prueba de resistencia. Los habitantes de Memphis y Nashville contaron que dormían en una sola habitación con gorros y chaquetas puestos, ahorraban batería en el móvil y solo arrancaban el coche unos minutos para calentarlo. En Misisipi, cientos de personas pasaron la noche en sus vehículos, varados en una autopista helada, a la espera de que despejaran las carreteras.

Carretera helada en Misisipi, Estados Unidos, la gente pasó la noche en sus coches a la espera de que despejaran la carretera
Más de 100 personas perdieron la vida en el país a causa de la tormenta. Muchas fallecieron por hipotermia, incluso dentro de sus propios hogares, donde las temperaturas bajaron hasta alcanzar niveles similares a los del exterior. Uno de los sucesos más trágicos tuvo lugar en Texas, donde tres hermanos pequeños cayeron al agua al romperse el hielo de un estanque helado.
Decenas de niños y adultos fueron hospitalizados por intoxicación por monóxido de carbono: las personas intentaron calentarse utilizando generadores y calefactores sin tomar las precauciones de seguridad necesarias.
La tormenta causó unos daños económicos colosales, estimados en hasta 115 000 millones de dólares, lo que, según los especialistas de AccuWeather, la convierte en el fenómeno meteorológico más costoso desde los incendios forestales que asolaron la zona de Los Ángeles en enero de 2025.
En Canadá, esta tormenta invernal trajo consigo nevadas inusuales y temperaturas extremadamente bajas, lo que provocó el colapso del transporte, cortes de electricidad y obligó al cierre de colegios y universidades.
El 25 de enero, el Aeropuerto Internacional Pearson de Toronto registró 46 cm de nieve, estableciendo un nuevo récord diario. Como consecuencia, se cancelaron o retrasaron más de 600 vuelos.
En enero de 2026, cayeron 88.2 cm de nieve en la ciudad de Toronto, lo que, según el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá, supuso el total más alto jamás registrado desde que se empezaron a llevar registros en 1937.

Una nevada inusual en Toronto (Canadá), la más intensa desde que se tienen registros, en 1937
Normalmente, tras una fuerte nevada suele producirse un deshielo, pero en esta ocasión las temperaturas se mantuvieron extremadamente bajas, lo que agravó las consecuencias.
La Cruz Roja Canadiense abrió un refugio temporal en Côte Saint-Luc, un barrio de las afueras de Montreal, después de que miles de residentes se quedaran sin electricidad debido a la ola de frío extremo.
En la provincia de Saskatchewan, el valor de la sensación térmica bajó hasta los −49 °C.
En la isla de Terranova, el hielo frazil —una mezcla de cristales de hielo y agua— bloqueó la toma de agua de la central hidroeléctrica más grande de la región, Bay d’Espoir, situada en Terranova y Labrador, lo que provocó su cierre total por primera vez desde 1967. Se enviaron buzos para despejar la zona; a pesar de las gélidas aguas, utilizaron compresores de aire para eliminar la acumulación de hielo.
El 30 de enero, unas fuertes lluvias torrenciales azotaron las provincias de Mersin y Adana, provocando inundaciones catastróficas.

Consecuencias de las catastróficas inundaciones en la provincia de Mersin, Turquía; torrentes embravecidos que arrasan con todo a su paso
En Mersin, los ríos y arroyos se desbordaron. Las calles y avenidas se convirtieron en torrentes embravecidos que sumergieron a decenas de vehículos. Un puente del distrito de Dağlı no resistió la presión y se derrumbó. Las aguas inundaron viviendas y terrenos agrícolas, incluido el edificio del Instituto de Investigación Hortícola de Alata.
En Adana, las lluvias torrenciales provocaron el desbordamiento de los canales. En el distrito de Sarıçam, el cementerio de Buruk quedó completamente sumergido. Las carreteras se convirtieron en lagos intransitables en los que los vehículos patinaban y quedaban varados. Los aguaceros también provocaron dos desprendimientos de rocas en la provincia. Uno bloqueó la autopista cerca del puerto de Obrukbeli y el otro cortó la carretera en la zona de Tapan.

En la provincia de Adana, Turquía, las fuertes lluvias provocaron el desbordamiento de un canal situado cerca de un cementerio, lo que provocó que decenas de tumbas quedaran sumergidas
No hubo víctimas mortales. Sin embargo, los daños materiales son enormes; cientos de viviendas y comercios inundados, carreteras arrasadas e infraestructuras destruidas.
La noche del 28 de enero, la potente tormenta atlántica Christine azotó la Península Ibérica.
El sistema tormentoso, que se intensificó rápidamente sobre el océano, llegó a la costa de Portugal, lo que supuso un auténtico golpe climático para el país. En algunas zonas, las rachas de viento superaron los 180 km/h. En el municipio de Soure, se registró una velocidad de casi 209 km/h, superando el récord establecido el 13 de octubre de 2018, cuando, durante la tormenta Leslie, la velocidad del viento alcanzó los 176,4 km/h.

Consecuencias del huracán Christine en Portugal, seis muertos, tejados arrancados de los edificios, carreteras cortadas y cortes en el suministro eléctrico
En todo el país, los árboles fueron arrancados de raíz y los tejados de las casas quedaron destrozados.
En la ciudad de Figueira da Foz, los fuertes vientos derribaron una noria. En Leiria, el estadio sufrió graves daños. En Coimbra, los daños afectaron a varios aviones y hangares del aeródromo municipal. En la base aérea de Monte Real, las ráfagas de viento dañaron varios aviones de combate F-16.
Más de 800 000 personas del centro y el norte de Portugal se vieron afectadas por cortes de electricidad. En varios municipios se interrumpieron los servicios de comunicaciones, calefacción y suministro de agua, y se suspendió el funcionamiento del transporte público.
A lo largo de la costa, la tormenta generó olas de hasta 14 m de altura, lo que supuso una amenaza adicional para las zonas costeras y los puertos.
Al 29 de enero, la tormenta se había cobrado cinco vidas en Portugal. Al desplazarse hacia el este, la tormenta azotó las regiones del sur y el centro de España. Se registraron fuertes vientos y lluvias torrenciales en Andalucía y en la zona de Málaga, lo que paralizó el tráfico. En la ciudad de Torremolinos, un árbol cayó sobre una vivienda, causando la muerte de una mujer.

Las secuelas de la tormenta Christine en España
En las afueras de Madrid, la tormenta provocó un fuerte descenso de las temperaturas y unas nevadas poco habituales en la región. Como consecuencia, se cerraron los colegios y se formaron atascos en las carreteras.
Christine no fue una tormenta extratropical cualquiera. Sufrió una intensificación explosiva, con una caída brusca de la presión atmosférica en cuestión de horas y velocidades del viento que alcanzaron niveles comparables a los de un huracán tropical de categoría 2 o 3.
Esto hizo que Christine sea una de las tormentas invernales más intensas y destructivas de los últimos años en la Península Ibérica.
El 25 de enero, en la capital del país, Brasilia, durante una tormenta eléctrica, un rayo cayó directamente sobre una multitud de personas reunidas para un mitin político.
Un total de 89 personas resultaron afectadas. Once personas sufrieron impactos directos de rayos y otras 36 sufrieron lesiones relacionadas con caídas, esguinces e hipotermia; todas ellas fueron trasladadas a hospitales de la región, mientras que el resto recibió asistencia médica en el lugar de los hechos.

Un rayo cae sobre los participantes en una manifestación en la ciudad de Brasilia, Brasil
Según testigos presenciales, inmediatamente después de la explosión, varias personas perdieron el conocimiento. Incluso quienes no sufrieron lesiones físicas necesitaron atención médica debido al fuerte impacto y al estrés nervioso.
El número de personas afectadas por un rayo ascendió a la más alta en la historia del país, a pesar de que, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), Brasil registra el mayor número de descargas eléctricas del mundo: casi 77,8 millones al año.
El 29 de enero se produjo otro trágico suceso en el municipio de Tramandaí, en la costa norte del estado de Rio Grande do Sul. Un rayo alcanzó a un joven que estaba de vacaciones en la playa. A pesar de todos los esfuerzos del personal médico, no se pudo salvar y falleció en el hospital.
A finales de enero, una parte importante de Argelia, incluida la capital, se vio azotada por una tormenta devastadora. En la ciudad de Maghnia, en la provincia de Tlemcen, los vientos alcanzaron los 120 km/h, lo que equivale a la intensidad de un huracán.
Estos valores se consideran algo extremadamente poco habitual en Argelia, donde la velocidad del viento rara vez supera los 90 km/h.
Se declaró el nivel de alerta roja en la mayoría de las provincias. Se suspendieron las clases en los centros educativos y se cerraron los parques públicos. En todo el país, la tormenta arrancó de raíz numerosos árboles y postes de la red eléctrica, provocó el derrumbe de muros, tejados y balcones, y causó daños en la infraestructura vial.

Tormenta en Argelia con vientos de hasta 120 km/h, numerosos árboles y postes eléctricos caídos, muros, tejados y balcones de edificios derrumbados, así como daños en la infraestructura vial
Debido a las lluvias torrenciales, los uadis —cauces secos típicos de las regiones desérticas y semidesérticas del norte de África y Oriente Medio— se llenaron rápidamente de agua en varias provincias, lo que provocó crecidas repentinas.
En la provincia de Relizane, el ganado pereció y, en varias comunas, varias personas y vehículos quedaron atrapados por las crecidas. Afortunadamente, no hubo víctimas mortales.
Las lluvias torrenciales provocaron inundaciones a gran escala en el noroeste de Marruecos. La ciudad de Ksar el-Kebir, situada en la región de Tánger-Tetuán-Alhucemas, fue la más afectada.

Consecuencias de las inundaciones a gran escala provocadas por lluvias torrenciales; zonas residenciales anegadas en la ciudad de Ksar el-Kebir, provincia de Larache, región de Tánger-Tetuán-Alhucemas, Marruecos
La descarga de agua de una presa desbordada y el fuerte aumento del nivel del río provocaron que potentes torrentes se abalanzaran sobre la ciudad, inundando varios barrios residenciales.
Para ayudar a los afectados, las autoridades desplegaron unidades del ejército de respuesta rápida. Se evacuó a más de 50 000 residentes —casi la mitad de la población de Ksar el-Kebir— y se cerró temporalmente la entrada principal de la ciudad.
El 25 de enero se produjo un importante deslizamiento de tierra en Sicilia, provocado por las lluvias anómalamente intensas traídas por la tormenta Harry. Una enorme masa de tierra se desprendió de la localidad de Niscemi, un popular centro turístico con una población de unos 25 000 habitantes.

Gran deslizamiento de tierra en Sicilia, Italia una enorme masa de tierra se desprendió de la localidad de Niscemi
Varios edificios se derrumbaron desde una altura de 20 metros y otros cientos quedaron al borde del derrumbe. Los vecinos, al ver grietas en las paredes, huyeron apresuradamente de sus hogares sin llevarse nada consigo.
Se evacuó a más de 1500 personas. Muchas encontraron refugio con familiares, mientras que para otros cientos, las autoridades organizaron un alojamiento temporal en un pabellón deportivo local. Aún se desconoce cuánto tiempo tendrán que permanecer allí y si podrán regresar a sus hogares. El deslizamiento de tierra interrumpió el tráfico en gran parte de la red vial local. Se cerraron las escuelas y se declaró zona roja en la localidad.
El deslizamiento de tierra se extiende ahora a lo largo de 4 km por la ladera y sigue activo; el terreno sigue deformándose y están apareciendo nuevas grietas y hundimientos.
Según el jefe del Departamento Nacional de Protección Civil, la preocupación se ve agravada por el hecho de que, según las evaluaciones realizadas, no solo se está desplazando la parte visible, sino que toda la colina se está derrumbando sobre la llanura de Gela.

Un deslizamiento de tierra a gran escala en la localidad de Niscemi, en Sicilia (Italia), dejó varias viviendas colgando de un acantilado, lo que obligó a evacuar la zona
Los microplásticos y los nanoplásticos desempeñan un papel fundamental en estos fenómenos anómalos. No se trata simplemente de una cuestión de contaminación ambiental, sino más bien de las propiedades electrostáticas que tienen las partículas de plástico, las cuales no solo agravan las catástrofes climáticas, sino que también causan daños al organismo humano.
Puede obtener más información al respecto en ediciones anteriores y en el informe «Nanoplásticos en la biosfera. Del impacto molecular a la crisis planetaria». La solución fundamental al problema consiste en hacer que los microplásticos y los nanoplásticos sean seguros, transformándolos de agentes activos y peligrosos en polvo inerte; es decir, privar a las partículas de plástico de la capacidad de acumular y retener carga electrostática. Y este proceso no debe comenzar dentro de unos años, sino de inmediato.
En este sentido, es importante destacar que la comunidad científica de ALLATRA ya ha cumplido una de las tareas fundamentales de cualquier investigación: se ha identificado la causa principal.
Aún no se ha encontrado una solución definitiva, pero el mero hecho de identificar la causa ahorra a la comunidad científica mundial décadas de trabajo y enormes recursos.
Si se consigue eliminar la carga electrostática de los microplásticos y los nanoplásticos, se activarán los mecanismos naturales de autorregeneración. No solo reduciremos su impacto destructivo sobre la salud humana, sino que también eliminaremos el exceso de energía que actualmente se acumula y amplifica la crisis geodinámica y los desastres naturales. El intercambio de calor entre el océano y la atmósfera comenzará a recuperar el equilibrio, y el exceso de calor del interior de la Tierra podrá volver a disiparse hacia el espacio.
La magnitud de la tarea es inmensa. Requiere investigaciones complejas, equipos costosos y miles de experimentos en todo el planeta. Pero todo lo necesario ya existe: laboratorios, especialistas e infraestructura. Lo que falta son las condiciones para un trabajo conjunto y coordinado. Además, la humanidad ya cuenta con una experiencia positiva en materia de cooperación científica internacional centrada en un único objetivo, como por ejemplo en el Proyecto Genoma Humano.
El Proyecto Genoma Humano fue una iniciativa pública abierta que reunió a miles de investigadores de todo el mundo con el objetivo de descifrar el ADN humano. Participaron más de 20 universidades y centros de investigación de seis países, que formaron un consorcio internacional para la secuenciación del genoma humano.
Esto significa que también podemos aplicar esa experiencia al problema de los nanoplásticos. La única fuerza motriz que impulsa la búsqueda de una solución somos las propias personas. Es hora de dejar de esperar a que venga alguien a resolverlo todo.
Es como tratar a un paciente: el diagnóstico ya está hecho, se conoce la causa de la enfermedad. Pero el tratamiento solo comienza cuando el paciente reconoce el problema y pide ayuda. Hoy en día, ese paciente es toda la humanidad. Y mientras sigamos siendo capaces de pensar, comprender y actuar, aún tenemos la oportunidad de cambiar la situación y garantizar un futuro no solo para nosotros mismos, sino también para las generaciones venideras.
Mira la versión en vídeo de este artículo aquí:
Dejar un comentario